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El burladero
Ultimos Posts

Juventud y muerte

23 Septiembre 2022 , Escrito por lacosanostra

Hay una gran contradicción en estas dos palabras, la negación del concepto de muerte cuando va unida al de juventud, el yin y el yang, fuego helado, un oximoron que rechaza nuestra inteligencia y que deseamos alejar de nuestro pensamiento. Pero la muerte es caprichosa y selecta, puede que un poco romántica y decimonónica, se enamora de la belleza, rompe el tallo de la flor cuando está en la cima de su esplandor, para atraparla entre sus garras. La muerte de un joven es la más hiriente, lacerante e injusta. Nos ahoga con su dolor y nos llena de culpas, de por qués, de si hubiera estado atento, de tendría que haber hecho. Pero es tan sólo el capricho de la muerte enamorada la que nos priva de "tu rostro mañana" (que gran escritor se nos ha ido, Javier Marías). Pero si algo bueno tiene ese rapto de la muerte es que no habrá un rostro mañana, sino que será ya el mismo por siempre, eternamente. El retrato de Dorian Gray será el de nuestro rostro, mientras que el joven ausente permanecerá con la misma lozanía en sus retratos y en nuestra mente. Imagen inmutable, joven eterno al que no le atacará el tiempo con sus arrugas, bolsas y achaques. Un rostro que no necesitará maquillajes ni afeites porque permanecerá grabado en el tiempo y su rostro no será mañana, sino un hoy prolongado y cierto.

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DESCUBREN EL PUNTO DE LA FELICIDAD EN EL CEREBRO

27 Junio 2022 , Escrito por lacosanostra

Por fin encuentro una noticia agradable que me hace feliz, algo sumamente difícil en estos días. En una investigación llevada a cabo por la Universidad de Emory en Atlanta, realizada sobre una paciente que padecía una epilepsia severa, se descubrió que la estimulación electrónica de un punto concreto del cerebro – el haz del cíngulo - provocaba en la paciente una repentina alegría, una risa incesante acompañada de un júbilo que no era capaz de contener, a pesar de hacerla pensar en sucesos desagradables. Además de esa alegría sentía una gran relajación, sin que ello alterara su capacidad de atención, lenguaje o memoria. Simplemente veía la vida con mejores ojos, lo que ha llevado a concluir que esta estimulación del punto “F” (le podemos denominar así para entendernos mejor) puede servir también para tratar la depresión y la ansiedad, además de ayudar en la cirugía del cerebro sin anestesia, en el tratamiento de la epilepsia y en la supresión del dolor crónico. Es un hallazgo impresionante puesto que, tras siglos y siglos dedicados a la búsqueda de la felicidad, resulta que la tenemos alojada en un puntito de nuestro cerebro.  La felicidad tiene su parte química <Es un proceso neuroquímico que consiste en la liberación de dopamina en el sistema límbico> Pero lograrla no va a ser tan sencillo como apretar un simple botón electrónico, ni será fácil hacer desaparecer todos estos trastornos neuronales y enfermedades mentales hasta que se averigüe como poner en práctica este descubrimiento; hay que hacer un buen trabajo de investigación. De todos modos, seamos optimistas, pues ahora sabemos dónde está localizada la felicidad y no tardaremos mucho en descubrir la mejor manera de estimular este punto “F” a nuestra conveniencia para devolver la alegría al que la perdió, dibujar una sonrisa en nuestro rostro a pesar de las malas noticias y, sobre todo, ganarle la batalla a la depresión y la ansiedad sin necesidad de atiborrarnos a pastillas.  Esperemos que, cuando llegue este momento, no sea obstaculizado por las potentes multinacionales farmacéuticas, temerosas de perder miles de millones al no ser ya tan necesarios los antidepresivos, ansiolíticos, somníferos y analgésicos que consumimos a diario. Alguna idea se les ocurrirá para impedirlo. Mientras tanto disfrutemos de este maravilloso descubrimiento que teníamos alojado en la cabeza sin saberlo: el punto “F” de la felicidad, sin olvidar que una cosa es estar felices y otra es ser felices. Esto ultimo no depende no depende tan sólo de un punto en nuestro cerebro sino del cerebro entero y de la manera en que lo usemos.

Carlos Leopoldo García Álvarez

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MUDANZA

28 Mayo 2021 , Escrito por lacosanostra

MUDANZA

Una mudanza es un tsunami que remueve los cimientos de la vida, tiempo de reflexión y cambio, de traspasar una meta para emprender un nuevo rumbo, un reto diferente e inexplorado. En la mudanza tiras todo aquello que has ido acumulando a lo largo de los años y que ya no te sirve para seguir avanzando, objetos inútiles, recuerdos estériles, cacharros inservibles que se acumulan en los rincones oscuros del alma, lastre que impide mantenerte a flote. Haces balance y te llevas lo que aún vale, lo que adornará tu nueva casa, los objetos y vivencias que deben trasladarse contigo para que formen parte de la nueva vida y que serán un sostén para mantener estable y seguro el nuevo camino. Viajarán contigo los libros, muebles y la ropa elegida, la familia y los amigos, los recuerdos y la experiencia acumulada.

En mi caso la mudanza que abordo en estos días es doble, una física en la que cambio de casa, de ciudad, de ambiente y de comunidad, mudanza externa y material, que se acompaña a la vez de un cambio de vida, mudanza interna, que pone punto final al largo ciclo profesional en el que me embarqué hace cuarenta años, entregando mis manos y mi conocimiento en beneficio de la salud y el bienestar de mis pacientes, para emprender una nueva etapa, un viaje en el que cambio el rumbo hacia mi interior, un camino plagado de incógnitas, anhelos y temores. Etapa nueva de reflexión, de síntesis y compendio, de epílogo y balance, de esquema y extracto, pero también de exploración, descubrimiento, renovación y búsqueda de nuevas rutas. Hay vida mientras tengas proyectos, nuevas propuestas e ilusiones. Se atribuye a San Ignacio la famosa sentencia: “En tiempo de tribulación, no hacer mudanza” En mi caso no es tiempo de tribulación sino de júbilo, aunque la nostalgia y el recuerdo viajen conmigo como una segunda piel, dolorosa a veces, que protege y presiona, pero que abriga y consuela. En todo caso no es mi yo el que se muda, sino tan sólo mi cuerpo.

 

Carlos Leopoldo García Álvarez

Mayo 2021

 

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El desayuno en Sevilla

7 Marzo 2021 , Escrito por lacosanostra

No llegarás nunca a conocer Sevilla ni a su gente si no has desayunado en alguno de sus bares, si no te has sumergido en su bullicioso ambiente, en la algarabía, en la jarana de ese ritual tempranero con el que se pone en marcha la ciudad. Todo un tratado de sociología y una experiencia gastronómica singular que define el carácter de un pueblo, la idiosincrasia del sevillano. Olvídate del frio y convencional bufet del hotel, tan predecible como aburrido, y sal a la calle a disfrutar de una vivencia única, con la que comenzarás a conocer la esencia de este pueblo milenario que atesora una gran sabiduría, concentrada en la definición de su filosofía epicúrea: la búsqueda del placer con prudencia. El fin de la vida es procurar el placer y evadir el dolor, pero sin excesos. Todo un tratado de historia se concentra en el desayuno sevillano, desde la cultura tartésica a la romana, de los visigodos a los musulmanes de al-Ándalus, culminando con la castellanización cristiana de Fernando III el Santo. “Mediadeabajoconarias”, cuando escuché esa jerga, la primera vez que entré en un bar de la calle San Jacinto en Triana, creí que el camarero estaba hablando en otro idioma, una especie de argot o dialecto imposible de descifrar, incluso para quien cree compartir el mismo idioma. Imagino lo que debe ser para el guiri despistado que trata de traducir este trabalenguas recurriendo a su diccionario. Una vez situado en la barra me enfrento al interrogatorio del voluntarioso camarero que me observa condescendiente desde su atalaya. ¿Qué va a ser? Uno, acostumbrado a la austeridad castellana del desayuno madrileño responde: un café con leche y una tostada, por favor. Aparece entonces una sonrisa complaciente en su cara y, cargándose de paciencia, comienza a disparar. Café largo, corto, americano, descafeinado de máquina; leche caliente, del tiempo, entera, semi, desnatada, sin lactosa, de avena, de arroz, de soja. La tostada la quiere de pan blanco, integral de semillas, de trigo, de centeno, pan de Burguillos, mollete de Antequera, viena, barra, de molde, bollo, chapata. La quiere entera o media, de arriba o de abajo. Siento un mareo repentino acompañado de bloqueo mental, junto a la necesidad de una pausa que me ayude a procesar la información. Aun no he terminado de reaccionar cuando me ataca con la pregunta sustancial: ¿Qué le ponemos a la tostada? Aquí se despliega toda la artillería: jamón serrano o de york con aceite y tomate, pringá, chacina, lomo ibérico, manteca colorá, carne mechá, foyegrás, o le ponemos arias con mermelada. El hombre que está a mi lado en la barra observa mi cara de estupor y se apiada de mí. Pida una entera de pringá, es lo mejor que de despacha aquí. Mi expresión de gratitud le alegra la mañana y da pie al comienzo de una distendida y amena charla entre dos desconocidos, que acabaran siendo buenos amigos de barra. Compañeros de oficina se reúnen, haciendo un paréntesis de media hora en el trabajo, para comentar los sucesos del día, discutir de política, de toros, de futbol, reafirmando sus convicciones y sus fidelidades. El sevillano es, ante todo, fiel a las opciones y decisiones que toma en su vida, ya sea hacia su equipo de futbol, hacia la Virgen de su devoción, o hacia su partido político. También lo es con las preferencias de su desayuno diario. Cuando entra en el bar, el de siempre, su camarero no necesita preguntarle nada: “entera con serrano y tomate para don José”, raramente variará el menú. Una comunión indisoluble, un ritual antiguo y solemne se representa cada mañana en las barras y las mesas de los bares o restaurantes de la ciudad, una liturgia en la que la sabiduría de un pueblo se manifiesta cargada de hedonismo, pero con la certeza de poseer unos valores inamovibles, esos que afloran en cada instante, los que destila espontáneamente de manera inconsciente cada sevillano de raza y a cuya orilla tratamos tímidamente de acercarnos los foráneos, pero sin acabar de comprender la profundidad de sus misterio. Ataraxia es la palabra. Dejo para un segundo capítulo el tema de los churros, bien definidos en Sevilla con el nombre de calentitos, cuyo concepto merece una amplia y detallada explicación desde la visión externa de un pretendiente enamorado de esta asombrosa ciudad.

 

 

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DENTISTAS, EN LA BOCA DEL LOBO

22 Febrero 2021 , Escrito por lacosanostra

                                       

  La escena se repite a diario: el paciente se sienta en el sillón, me mira y pregunta ingenuamente, sin caer en lo absurdo de su duda: ¿tengo que quitarme la mascarilla, doctor? La respuesta es invariable: difícilmente podremos arreglarle la boca con ella puesta. Tenemos ya tan arraigada la necesidad de llevar puesta le mascarilla desde el momento que salimos de casa que nos cuesta trabajo desprendernos de ella, y mucho menos si tenemos a alguien delante. Los dentistas nos enfrentamos a diario al arriesgado, aventurado y temible reto de trabajar en la boca de nuestros pacientes a una distancia de veinte centímetros y generando en el proceso una amenazante pulverización de la saliva, provocada por los instrumentos rotatorios que debemos emplear en los tratamientos. No hay ningún otro profesional que esté más expuesto. Es cierto que la gran mayoría de nuestros pacientes no están contagiados, a diferencia de los sanitarios médicos, enfermeras y auxiliares que trabajan en los hospitales con enfermos de Covid, ya sea en planta o en las UCIs; sin embargo, los dentistas nos enfrentamos a la incertidumbre frente a cada boca. Tanto los sanitarios de los hospitales o los de atención primaria como nosotros debemos extremar las precauciones utilizando todo tipo de barreras que nos protejan del contagio. En este sentido los dentistas contamos con amplia experiencia en el campo de batalla de las guerras virales. Nos tocó combatir contra el VIH, un enemigo desconocido al principio, contra al que combatimos dando palos de ciego sin tener la certeza de si con cada paciente podíamos enfrentarnos a un portador, puesto que en muchas ocasiones lo ocultaban dada la estigmatización social que padecieron en los comienzos. Finalmente logramos salir victoriosos. También nos ha tocado batallar con los temibles virus de la hepatitis B y C, extremando las medidas preventivas para evitar los contagios. Todo este bagaje ha sido fundamental a la hora de afrontar esta pandemia. Aunque en esta ocasión hemos tenido que realizar grandes cambios e inversiones notables en material, vestuario e instrumental, así como adaptarnos a un estricto protocolo que debía asegurarnos, tanto la salud de nuestros pacientes como la nuestra. Todo ello ha dado excelentes resultados, hasta tal punto que podemos sentirnos orgullosos de tener una incidencia mínima en contagios profesionales, siendo los sanitarios que menos índice de mortalidad y de infectados ha padecido. Nuestras clínicas son espacios seguros que han permanecido abiertas durante todo el año, desde el inicio de la pandemia, sin que hayamos conocido ningún contagio de pacientes dentro de ellas. Esto viene a demostrar la eficacia de las medidas preventivas, siendo las mascarillas y la higiene de manos las dos medidas básicas, pues la distancia de seguridad no la podemos cumplir cuando trabajamos tan cerca de la boca. Cualquier persona que se proteja con una adecuada mascarilla (FFP2 en caso de acceder a transportes públicos o a espacios concurridos y cerrados), que la cambie con la frecuencia aconsejada y que tenga una correcta y reiterada higiene de manos, tanto con jabón como con gel hidroalcohólico, tiene asegurado en un alto porcentaje su protección frente a la amenaza del virus. En pocos meses habremos conseguido la deseada inmunidad de rebaño gracias a la eficacia de las vacunas, pero mientras llega sigamos manteniendo las medidas de protección sin decaimiento. Sería una losa sobre nuestra conciencia admitir que hemos sido los responsables de infectar a cualquier persona de nuestro entorno o a un familiar querido por no haber mantenido estas medidas o por habernos relajado en exceso durante esta última etapa. Llevamos un año de duro de restricciones, de renunciar al contacto, a tocar, a dar la mano, a besar. Un año sin abrazos. Un año que ha supuesto el cierre de muchos negocios, la ruina para innumerables empresas, la caída del turismo, de la hostelería, del empleo. Todo ello puede estar cerca de su fin si hacemos un último y necesario esfuerzo para que todo esto se convierta en un mal sueño, en la pesadilla que jamás debemos olvidar para que no se repita. Ya habrá tiempo para liberar nuestras sonrisas de la mordaza y de darnos todos los abrazos aplazados, que tanto anhelamos.

 

 

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LAS COLAS DEL HAMBRE

12 Diciembre 2020 , Escrito por lacosanostra

Se ha levantado temprano, muy temprano, cuando aun no se han apagado las luces negras de la noche. Con la capucha del anorak y la mascarilla casi no se le ve la cara, pero ha metido también en el bolso sus gafas de sol. Veinte minutos de amargo paseo para colocarse, por primera vez, en la cola del silencio y la vergüenza, una procesión lenta con penitentes ocultos tras sus máscaras de penuria. Se pone las gafas de sol, aunque aún no ha salido, para ocultar los lagrimones que corren por las mejillas, ríos de rabia e impotencia, manantiales salados que abrasan como ascuas. Hace tan solo un año estaban decidiendo los regalos de reyes para sus hijos. A Marcos le traerían la bicicleta soñada, una que le permitiera correr por el parque desplegando sus ocho años recién estrenados. Para Laura estaban buscando un móvil inteligente, aunque les causaba cierta inquietud el uso excesivo y la dependencia absoluta que observaban en los jóvenes de su edad. La adolescencia se asomaba por las rendijas de su impaciente e inquisidora mirada. Pero era Navidad y se podían permitir algunos excesos. Su restaurante marchaba bien, tenían reservas para todo diciembre y el año había sido bueno. Casi cuarenta comidas diarias que ella preparaba con mimo, seleccionando bien los menús para no repetirse demasiado, buscando en el mercado los productos frescos de temporada que aseguraban el éxito de su cocina. Marcos, su marido, coleccionaba horas detrás de la barra como cuentas repetidas de un rosario, doce, catorce a veces. Contaban también con la ayuda de Damián, un camarero profesional y cercano que atendía las mesas con pericia y familiaridad. Se quejaban de un trabajo que les ataba con grilletes de esclavo, sin dejarles disfrutar el sol de primavera, pero que les permitía vivir con un horizonte despejado. En su camino de inercia y rutina se cruzó un malhadado día el bicho, como ellos le llaman. Un virus demoledor de miseria y destrucción que barrió sus sueños para sumirles en un abismo de negrura, niebla y dolor. Tres meses de cierre forzoso se fueron comiendo las reservas, dejaron partir a Damián con su maleta de incertidumbre, y los días eran paladas de tierra que enterraban cada vez más hondas sus ilusiones. Cambiaron a un colegio público a los chicos, donde podían comer una vez al día, mientras ellos rebañaban los ahorros cerrando con el candado de la resignación la puerta de la esperanza. No había para el alquiler, ni para el agua, ni siquiera para la luz, aunque les prometieron no cortarles ese suministro que aun les permitía aferrarse a un ápice de dignidad. Las deudas eran la soga que ceñía el cuello de su futuro, un pozo de vacío en el que no existía el cielo. La cola avanzaba lentamente, sin palabras, sin miradas. Un nudo de amargura en las entrañas al pasar junto a las luces navideñas, junto a las otras colas, las de las tiendas de moda, las de los supermercados, las de los escaparates de cestas repletas de turrones, champán, jamones, pavos, sueños cuajados de bolas que cuelgan de un árbol de luz, un árbol que ellos solo pueden transitar por su cara oculta, pasear por su sombra; un horizonte de nochesbuenas sin luces ni estrellas, sin regalos ni villancicos, Navidad atea y republicana en la que Herodes ha sacado su espada y los Reyes no encontraron su estrella, una noche sin luna en la que Marcos y Tere se toparon con la mirada vidriada y fría de sus hijos clavándose en sus pupilas.

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SINDROME DE ABSTINENCIA

19 Noviembre 2020 , Escrito por lacosanostra

El abrazo puede ser dulce como un caramelo, suave como un peluche, relajante como el tranquimacín, necesario, obligatorio, inexcusable. El reencuentro, la despedida, el duelo, la alegría del triunfo que llega tras el esfuerzo, necesitan unos brazos amigos que rodeen nuestro cuerpo, nos envuelvan y se fundan por un instante en un mismo latido. Comparto contigo tu dolor, tu alegría, tu adiós, porque también son míos. Somos españoles, somos latinos y poseemos un mismo gen, el que nos hace adeptos al contacto, al tocamiento, al roce, para expresar nuestra empatía, el deseo de agradar, que va mucho mas allá de la mera formalidad del saludo anglosajón o la reverencia oriental. El abrazo, el beso latino confunde, desconcierta y azora al sueco o al teutón sobrio, distante, frío. El beso en estas culturas está reservado a la intimidad del trato familiar y puede ser interpretado con perversa o supuesta intencionalidad.  El beso en nuestra cultura es la expresión máxima de un deseo mediante el contacto de la piel, la necesidad de unir las epidermis para transmitir, neurotransmitir, nuestro amor, el anhelo de agrado o el simple mensaje de que te considero algo más que un recién conocido. El beso es nuestro mejor antidepresivo, la píldora que nos hace inmunes al desaliento, que nos da energía para continuar nuestro camino, la luz en el fondo abismal de la noche. Por todo ello padecemos desde hace un año un doloroso, cruel y lacerante síndrome de abstinencia que, como al yonqui, nos tiene sumidos en un permanente estado de inquietud y ansiedad. Prohibido abrazos y besos, no tocar, do not touch, no hay manos que se junten, como alas de paloma, que se fundan en intercambio de calor, de cercanía. El abuelo no puede abrazar a sus nietos y eso agrava su soledad, el castigo al que le somete este maldito virus, la condena que se le impone, a pesar de conocer su inocencia. Una fría pantalla de ordenador le impide el abrazo y eso le desgarra. Tan sólo sus lágrimas se posan en la imagen del hijo ausente, del nieto anhelado. La vida sin abrazos, sin besos, es como una niebla densa que te envuelve el alma y que te impide ver mas allá de un palmo a tu alrededor. Las manos por delante, intentando encontrar el camino sin tropezar con los peligros que oculta la bruma. Ojalá que la ansiada la vacuna nos traiga la llave con la que poder abrir el portón de los besos. Aquí esta mi brazo para ser el primero. La luz se abre paso en la tiniebla.

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Gracias Rafa

16 Octubre 2020 , Escrito por lacosanostra

Este es un año de pocas alegrías, el año en el que un virus nos robó la primavera, nos secuestró el verano y sigue mordiéndonos ahora que las hojas pintan de colores los campos. Año de bozales y encierros, de muertos mal contados, de aplausos en balcones, de adioses sin despedida, de lágrimas sin ojos. Año de cierres, ruina y paro, playas sin turistas, colas, geles, manos, sonrisas tapadas. Un año de mentiras, de políticos sin honra, sin honor, sin principios ni moral, sin vergüenzas. En este año de luto, un domingo de luz víspera del Pilar, un joven gladiador nos devuelve la sonrisa a golpes de raqueta, nos devuelve el orgullo de españoles, ahora que nos miran desde fuera como apestados. Nos devuelves la alegría cuando te vimos mirar con ojos de agua ondear tu bandera y escuchar tu himno abrazado al trofeo que llevas levantado 13 años. Humilde, valiente, luchador incansable, honrado, sincero, ganador en mil batallas, sencillo, cercano, todo lo que jamás llegará a ser un político. Tu eres el verdadero embajador de España, lo que quisiéramos que vieran de nuestra patria, la imagen que deseamos proyectar. Por todo ello GRACIAS Rafa, 13 veces gracias, merci, veinte veces gracias por alegrarnos este año de ruina.

 

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INCERTIDUMBRE

16 Octubre 2020 , Escrito por lacosanostra

A estas alturas de la película la incertidumbre es la única certeza. Se cierra y se abre Madrid con la misma facilidad que el grifo de mi lavabo. Guerra ideológica, odio por encima de soluciones. La dictadura socialista dicta sentencia. Madrid es el objetivo, no importan las cifras ni la comparación con comunidades “amigas”. Tampoco importan ya los muertos mal contados, porque ya no votan. El dolor no cotiza en las cuentas del gobierno, lo que importa es el ruido: yo mando más, te confino y tú acatas. Los jueces son el último refugio, la penúltima trinchera de libertad, aunque no tardarán en sacar bandera blanca. Montesquieu ha muerto. Si una ley dice blanco yo la cambio para que diga negro. Para eso tenemos a la fiscal/ministra general. ¡A sus órdenes mi comandante! Ya no hay rey, el Cesar Imperator domina el Reino. El asalto a los cielos con Falcon, gafas de sol y sonrisa condescendiente ha alcanzado sus últimos objetivos militares. Hemos ganado la guerra con nuestra memoria histórica, tras 80 años de combate para darle la vuelta a la tortilla. Que se levanten los muertos de las cunetas. La memoria no alcanza aún a las victimas de ETA, hay que lavar la cara a Bildu, son buenos chicos y votan nuestros presupuestos. Tampoco alcanza la memoria hasta el lejano golpe de estado de 2017, cuando se proclamó la breve independencia catalana. Pelillos a la mar, indultos retorciendo el brazo del juez o mejor aún, amnistía y libertad ¿recuerdas ese grito? Éramos libres en la Transición. Confusión e incertidumbre y el virus de la corona sigue acechando. ¿Nos librará la vacuna? ¿Llegará en diciembre, en abril, en un año? ¿Será segura? Incertidumbre económica, ruina, hambre, un panorama desolador que pinta negros nubarrones. ¿A qué palo nos agarramos? ERTES, despidos, desahucios. Nos queda Europa como balsa, refugio, amparo y freno. Siempre que no la rapten. Somos europeos del sur, gente ociosa que piensa más en fiestas que en el trabajo, gente de sol y playa, de chiringuito y paella, de folklore y pandereta. Somos el parque de atracciones de los guiris. Quién le pone en cascabel al gato. Lázaro, levántate y anda.

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MIR

23 Julio 2020 , Escrito por lacosanostra

Médicos internos residentes, los has visto estos días en el telediario reivindicando mejoras en una situación que ha llegado al límite de lo tolerable. Tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, según muchas opiniones, pero es un gigante con pies de barro. El sistema se asienta, entre otros, en la explotación de unos médicos que están en periodo de formación, a los que se asigna tareas y responsabilidades que no deben asumir. El médico residente está completando en los hospitales concertados su periodo de formación como especialista, tras haber terminado sus seis años de licenciatura. En este periodo tiene asignado un tutor, responsable de su formación y de la supervisión de los trabajos e intervenciones que el alumno realice. Durante los cuatro años que, por termino medio, invierte en completar la especialidad elegida, trabaja diariamente en jornadas laborales completas y se le asigna unas guardias nocturnas en las que debe atender las urgencias que se presenten. Para llegar a esta etapa el recién licenciado en Medicina debe superar un exigente examen MIR y, según su puntuación, podrá elegir la especialidad, el hospital y la ciudad en la que cursar la residencia. Hasta aquí todo correcto. El problema viene cuando, por falta de medios y escasez de personal, el residente se ve obligado a realizar trabajos de asistencia e intervenciones sin el correspondiente asesoramiento y la tutela obligatoria, además de un mayor número de guardias a las que le sigue una nueva jornada laboral sin ningún tipo de descanso, es decir que enlaza la jornada laboral ordinaria de un día con la noche de guardia y la siguiente jornada laboral, casi treinta horas seguidas sin descanso. Además de la barbaridad que supone, incluso para unos jóvenes medicos en plena forma, se pone en peligro la asistencia sanitaria a los pacientes, al no encontrarse en las condiciones adecuadas para poder atenderles con garantías. A todo ello se suma que, una vez completada su especialización, el sistema sanitario no les garantiza un puesto de trabajo. Puede verse en la calle después de completar diez u once años de formación. No es de extrañar que muchos opten por hacer las maletas y emigrar a cualquier país de la UE en los que sabe que va a ser bien acogido y que su sueldo será dos o tres veces superior al que tendría de quedarse en España. Esta solución se la plantean también muchos médicos con años de experiencia, puesto que son los profesionales con mayor prestigio y profesionalidad de Europa y los peor pagados. Cualquiera de los países receptores estará encantado de recibir esta mano de obra altamente cualificada en la que España ha invertido muchos dinero y recursos en su formación, pero que les deja escapar al ser incapaz de pagar lo que realmente merecen. Verás, un gobierno que paga tres o cuatro veces más a políticos cuya formación en muchos casos no pasa de lo aprendido en la escuela primaria y que son perfectamente prescindibles, que a profesionales de la salud competentes e imprescindibles, como nos han demostrado en lo más crudo de la pandemia por coronavirus que estamos padeciendo, en la que han combatido sin descanso dejándose la vida literalmente, un gobierno, repito, que trata así a los mejores representantes de la sociedad, merece nuestra absoluta y rotunda reprobación. Podemos presumir de tener el mejor sistema sanitario del mundo, de tener a los mejores médicos y profesionales de la salud y también de tener a los peores políticos que un gran país como el nuestro se merece. Cuando nos demos cuenta quizás sea demasiado tarde.

 

Carlos Leopoldo García Álvarez

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