LA QUINIELA
Durante el tardofranquismo y primeros años de transición los únicos juegos de azar permitidos eran la lotería y las quinielas. Estas últimas eran las que alentaban las fantasías de una sufrida clase media que soñaba con hacerse millonaria acertando los resultados de catorce encuentros. El futbol era y sigue siendo el deporte que más pasiones desata entre los españoles. Todos llevamos un seleccionador dentro y presumimos de ser grandes entendidos en la materia, por lo que, a priori, acertar los resultados no debía suponer gran dificultad. Aunque la teoría dista mucho de la realidad final y factores como la suerte, el árbitro, las decisiones del entrenador o las lesiones, son determinantes para torcer un resultado que, a priori, parecía fácil de predecir. Por todo ello había dos formas de rellenar la quiniela, haciendo sesudos estudios de cada enfrentamiento y apostando por el que estuviera en mejor forma o dejándolo todo al azar lanzando unos dados o a la intuición de la parienta, profana en materia balompédica, que dictaba los signos a capricho. Precisamente las quinielas que más millones obtenían en premios eran las que se hacían de esta manera caprichosa, dictada por dados o por la señora inexperta. A comienzos del 2016, permitidos ya todo tipo de juegos de azar, los españoles seguimos jugando a las quinielas, aunque sean paridos políticos en vez de partidos de futbol los que están en juego, tanto en el tapete nacional como en el tablero catalán. Precisamente este último se resolvió poco antes de que se escuchara el pitido final, que debió dar origen a un nuevo enfrentamiento en las urnas. Todas las quinielas que se hicieron fallaron en cuanto al resultado. El encuentro entre Jus per sí, formado por Mas, Ezquerra Republicana, el calvo y el bizco contra las CUP, con el de los pendientes, la del pelo cortado a hachazos, la de gafas, los mochileros y el vecino del 4º, que no querían a Mas, pero si a Junqueras, pero éste no quería, ni tampoco el calvo. Se resolvió nombrando al alcalde melenas de Girona que, en el tiempo de descuento metió el gol por la escuadra. Nadie predijo el resultado. A mas a mas, seguimos jugando la quiniela a nivel nacional. Rajoy quiere ahora a Pedro y a Rivera, pero Rivera no quiere a Rajoy si no está Pedro y Pedro no quiere a Rajoy, aunque no le importaría estar con Rivera si está también Pablo. Pablo quiere darle una patada a Rajoy sin que se entere el árbitro y quiere a Pedro, aunque no a Rivera. Pablo y Pedro necesitan más amigos para formar equipo, pero a Pedro no le deja Susana formar equipo con Pablo hasta que no acepte las reglas de juego y no quiere juntarse con Junqueras el bizco ni con los de CD, que quieren acabar con el campo de juego. ¿Esta quiniela es para entendidos? Yo creo que no. Esta es una de esas que se aciertan al azar, echando los dados al tapete y que se pagará muy cara. Lo malo es que somos todos nosotros las que acabaremos pagándola, si no se forma el equipo adecuado para ganar la final.
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