Juventud y muerte
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Hay una gran contradicción en estas dos palabras, la negación del concepto de muerte cuando va unida al de juventud, el yin y el yang, fuego helado, un oximoron que rechaza nuestra inteligencia y que deseamos alejar de nuestro pensamiento. Pero la muerte es caprichosa y selecta, puede que un poco romántica y decimonónica, se enamora de la belleza, rompe el tallo de la flor cuando está en la cima de su esplandor, para atraparla entre sus garras. La muerte de un joven es la más hiriente, lacerante e injusta. Nos ahoga con su dolor y nos llena de culpas, de por qués, de si hubiera estado atento, de tendría que haber hecho. Pero es tan sólo el capricho de la muerte enamorada la que nos priva de "tu rostro mañana" (que gran escritor se nos ha ido, Javier Marías). Pero si algo bueno tiene ese rapto de la muerte es que no habrá un rostro mañana, sino que será ya el mismo por siempre, eternamente. El retrato de Dorian Gray será el de nuestro rostro, mientras que el joven ausente permanecerá con la misma lozanía en sus retratos y en nuestra mente. Imagen inmutable, joven eterno al que no le atacará el tiempo con sus arrugas, bolsas y achaques. Un rostro que no necesitará maquillajes ni afeites porque permanecerá grabado en el tiempo y su rostro no será mañana, sino un hoy prolongado y cierto.
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