El gobierno progresista
El otro día, en el Telediario de la 1, dieron la noticia de la derrota de los socialistas en Portugal y su giro a la derecha, comentando que ello suponía la casi total desaparición de los gobiernos progresistas en Europa, siendo España, Grecia y alguno más, los únicos que quedan. La denominación intencionada de progresistas refiriéndose al Partido Socialista es algo que no deja de asombrarnos. Nos dan a entender con ello que, al contrario de otros partidos reaccionarios y carcas derechistas, ellos han llevado el progreso y el bienestar social a las naciones que han gobernado, como se ha podido constatar en Portugal, Grecia y en nuestro suelo patrio, España, donde seguimos disfrutando día a día del progreso que nos ha llegado, en estos siete magníficos años de gobierno socialista, comparándola con nuestra situación anterior. Si es cierto que los gobiernos progresistas son los que procuran riqueza y prosperidad, no entendemos como han sido rechazados en toda Europa.
Los comedores sociales de nuestras ciudades y pueblos están rebosando de progreso, la gente rebusca en los contenedores de basura, regresan a la casa de sus padres para vivir de su pensión, congelada por el progreso, a los funcionarios les han amputado el sueldo, las colas en las oficinas del paro progresan adecuadamente y, gracias a la memoria histórica, hemos retrocedido a los años de la postguerra, reciclando nuestra ropa, recauchutando el calzado y batiendo todos los records de paro y petición de auxilio a Caritas, para convertirnos en el país que encabeza el progreso en Europa, mientras alemanes, franceses e incluso italianos, menos progresistas, remontan la crisis con sus reaccionarios y carcas gobiernos derechistas. Viva el progreso del estraperlo y de los lunes al sol.
Esto tiene difícil solución si, durante casi un año más, continúa esta agónica, bicéfala y progresista legislatura, con su cuota femenina venida a menos, gracias a “El dedo de Alfredo”, título de su penúltimo estreno. Iremos contemplando el cierre de empresas grandes y pequeñas, el aumento del paro y la desesperación y un panorama de desolación que empieza a causar pánico, manifestándose en la calle con movimientos orquestados como el del 15-M y con los sindicatos de vacaciones.
La única solución posible es la de adelanto de las elecciones, si todos los partidos obligan a ello a los socialistas, debiendo sentirse colaboradores y, por tanto, cómplices de ésta situación los que no lo hagan, obedeciendo a intereses particulares por encima de lo que demandan ya la inmensa mayoría de votantes.
La confianza que puede dar este consenso general será el oxigeno que necesita éste enfermo terminal que es nuestra economía. La legislatura está muerta desde el 22 de mayo y prolongarla sería la condena para el poco tejido productivo que aún tenemos.
Debemos exigir un frente común para acelerar en lo posible un resultado que todos conocemos de antemano y pedir este consenso como si fuera el último salvavidas para evitar que nos ahoguemos definitivamente en este negro océano sin fondo llamado crisis.
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