Money, Money
MONEY, MONEY
Poderoso caballero es don dinero. Aunque más que caballero diría que es el dios verdadero de nuestro tiempo, el supremo hacedor, el todopoderoso amuleto, la materia, en definitiva, de la que están hechos nuestros sueños. Esa materia insustancial y abstracta de la que penden necesidades, anhelos y caprichos; capaz de comprar hasta la belleza y de hacer funcionar la máquina del tiempo. Es aquello por lo que se muere y se mata, se engaña, se humilla; el motivo de guerras, cruzadas, invasiones, holocaustos y conquistas. Aquello por lo que se pelean los pueblos, los amigos y hermanos; que no entiende de edad, condición social, raza ni religión. Como dijo Shakespeare “Si el dinero va delante, todos los caminos se abren”.
Es el talismán que te hace grande o pequeño, noble o plebeyo, respetable o indigno, querido u odiado, listo o torpe, astuto o necio. Un viejo proverbio chino dice: “Al perro que tiene dinero se le llama señor perro”
Todo esto nos induce a pensar que el dinero es algo sólido, firme e invencible, capaz de superar barreras infranqueables, escalar montañas robustas o vencer dragones de hielo, pero, por el contrario, la realidad lo muestra como inseguro, huidizo y miedoso. La plata se esconde y evapora, como la espuma de las olas, cuando el rumbo se tuerce y aparecen los nubarrones negros en el horizonte.
Por fortuna también es caprichoso y algo tan sutil como la confianza le hace resurgir, regresar, aflorar y, de nuevo, circular como la sangre por las arterias, para regar todos los tejidos sociales, alimentando el músculo empresarial e industrial, oxigenando el cerebro que pone en marcha la maquinaria del empleo y el bienestar.
Cuando fluye la guita, gracias a la confianza que deriva de la estabilidad y la credibilidad que proporciona un líder con un paquete bien puesto de medidas claras, contundentes y fiables, todos recogemos los beneficios.
El dinero, como la energía, ni se crea ni se destruye, tan solo se transforma pasando de mano en mano. Pero hay que disponer de esa energía para poderla transformar en deseos.
El parné siempre está en manos de los mismos, al igual que el agua está siempre en el mar. Puede subir a las nubes, circular por cordilleras, valles, llanuras, regar vegas, huertas y prestar su riqueza a los campos, pero finalmente volverá al mar. Las sequías no dan riqueza y los ríos secos no devuelven más que arena y polvo.
Vivimos una etapa en la que la pasta ha huido por falta de confianza en quien dice hoy una cosa y mañana la contraria, un periodo de promesas incumplidas que ha sumido a todo un país en la pobreza, el paro y el desamparo. Solo nos queda la esperanza en el horizonte de un mayo, como el de Paris (Es por mayo, era por mayo…), para recobrar la confianza y, con ella, el regreso de la plata, que logre abrir por fin las ventanas a la primavera.
El dinero dicen que no da la felicidad y en eso estoy de acuerdo, sobre todo a los que no lo tienen. ” ¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!” (Marx, Groucho, por supuesto)
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