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El burladero

Liberman el dentista de los nazis

19 Agosto 2015 , Escrito por lacosanostra

Liberman el dentista de los nazis

El doctor Groinem Liberman se instaló en Berlín en el año 1925, poco antes de casarse con Kune, una berlinesa a la que conoció en la Sorbona de Paris, Universidad en la que estudió Medicina, especializándose posteriormente en Estomatología mientras ella terminaba su licenciatura en Historia del Arte. Durante su estancia en Paris hizo numerosas amistades y conoció a personajes interesantes, en una época en la que la ciudad era la capital de la intelectualidad europea, junto con Berlín precisamente. Todo aquel que poseía un espíritu inquieto y anhelaba un ambiente de libertad en el que poder expresar sus inquietudes artísticas deseaba vivir en Paris. Sus calles se llenaron de bohemios dispuestos a malvivir en miserables condiciones para dar rienda suelta a su creatividad y deseos de libertad. Convivían con la “creme” de la sociedad parisina escritores, pintores consagrados, así como representantes del poder y de la banca. Entre los amigos que conoció Groinem se encontraba el ya afamado doctor Bernardino Landete, precursor de la Estomatología en España y firme defensor de la preparación médica que debían tener los dentistas de su país. A pesar de no haber pasado mucho tiempo juntos, entablaron sólidos lazos de amistad y mantuvieron correspondencia durante muchos años. Gracias a las cartas que conservó el Dr. Landete hemos podido conocer la increíble historia de su colega Groinem Liberman, así como de su familia y los terribles sucesos que padecieron a los pocos años de su llegada a Berlín. Alemania comenzaba a recuperarse en los años veinte de la hecatombe que supuso la 1ª Gran Guerra y sus consecuencias. La capital se convirtió en el motor de la economía y en un centro cultural de gran atractivo con una explosión artística que se manifestaba en los teatros y la vida nocturna, en la que hizo su aparición el famoso cabaret. En sus primeras cartas Groinem relataba esos años de felicidad en aquella ciudad que crecía sin parar, plena de vida y prosperidad. En el año 27 nació su hija Avner, lo que multiplicó sus motivos de alegría, aunque supuso también un cambio radical en sus vidas. Instaló su gabinete en una de las avenidas principales de la ciudad, cercana a la puerta de Brandemburgo y gracias a los numerosos contactos que tenían sus suegros en la ciudad y a la buena reputación que fue forjándose en poco tiempo, la sala de espera estaba siempre llena, lo que hacía prolongar cada vez más su horario de trabajo. Instaló un moderno aparato dental de rayos X comprado a la casa Victor X – Ray Corporation, con películas preenvueltas que Kodak comercializó para este fin. Con gran dominio de las técnicas de anestesia, a base de novocaína, así como de las novedosas y ajustadas prótesis dentales que, en colaboración con su protésico Hans, realizaban siguiendo el procedimiento de la cera perdida, lograban satisfacer plenamente a sus agradecidos pacientes. Todo marchaba bien hasta que en 1929 cambió el tono de sus epístolas, relatando las primeras consecuencias de la gran depresión, como la quiebra de las grandes empresas e industrias y el enorme incremento del paro obrero que todo ello ocasionó. Aquel se convirtió en terreno abonado para el triunfo de extremistas, charlatanes y salvapatrias, entre los que destacaban los seguidores del partido nazi, nacional socialistas de extrema derecha. Groinem analizaba la nueva situación con lucidez, temiendo que todo lo que se había logrado con gran esfuerzo en tan pocos años fuera finalmente liquidado por los que venían a devolver su orgullo a la nación germana y a los verdaderos representantes de la raza aria. También temía por su futuro y el de su familia pues, como era bien sabido, al ser judíos se sentían cada vez mas amenazados por los seguidores de Hitler quien, como máximo jefe supremo de los nazis, se había declarado abiertamente antisemita. Entre los numerosos pacientes de su consulta empezaron a frecuentarla algunos miembros destacados del partido que, sin duda, desconocían aun la biografía de su dentista, del que tan sólo les importaba su buena praxis así como la metodología de vanguardia que empleaba. Paul Schulz, uno de los colaboradores cercanos de Hitler, hizo gran amistad con la familia Liberman, gracias a la estrecha relación que su familia había tenido de antiguo con la familia de los padres de Kune. Asistían juntos a fiestas, representaciones teatrales y eventos familiares, con lo que se fueron estrechando cada vez más sus lazos de amistad. En el año 33 los nazis se hicieron con el poder y la vida en Berlin se fue haciendo cada vez más difícil. Groinem continuaba incorporando nuevas técnicas en su práctica diaria, como la del tratamiento de los conductos en dientes infectados, que hasta entonces eran extraídos para evitar las consecuencias de la infección y los insoportables dolores que ocasionaban. Aplicó nuevas teorías utilizando cresota y posteriormente fenol dentro de la cavidad pulpar, consiguiendo en muchos casos aplacar el dolor y conservar la pieza dental durante algunos años más. A la esposa del capitán Schulz le realizó varias endodoncias, debido a las numerosas caries que presentaba su delicada boca, lo que le granjeó una inmensa gratitud por su parte. Tras descubrirse el origen judío de la familia del dentista, los tres fueron arrestados el 9 de noviembre de 1938, durante los graves altercados de la que fue conocida como la noche de los “Cristales Rotos”, en la que hordas nazis de las S.A. destruyeron, quemaron y asesinaron a su antojo las casas, comercios y propiedades de los judíos, deteniendo o matando a todos los que se cruzaban en su camino. Al enterarse el capitán Schulz les buscó por todas las comisarías de Berlin hasta dar con ellos. Tras intentar por todos los medios que fueran liberados, tan sólo lo consiguió con el dentista, siendo su mujer y su hija Avner de 11 años deportados a campos de concentración. Schulz convenció al Dr. Liberman para que siguiera atendiendo en su consulta a los mandos de la SS y a otros destacados miembros del partido nazi y él le garantizaba que serían respetadas las vidas de su mujer y su hija. Si en algún momento se le ocurría huir o abandonar Berlin daría orden inmediata para que fuesen ejecutadas. Permaneció varios años en esta dolorosa situación en la que se veía obligado a atender a los responsables del inmenso dolor provocado tanto a él como a su familia, sin obtener remuneración alguna. Cada vez que acudía a su consulta la mujer del capitán Schuloz, Ingrid, le suplicaba que investigara el paradero de las dos, antes de que perdiera la cabeza o le diera por cometer alguna locura. Ingrid decidió, sin decir nada a su marido, investigar durante días hasta encontrar la pista que le llevó a conocer su destino. Con gran dolor se enteró de que Kune fue asesinada cuando intentaba oponerse con todas sus fuerzas a ser separada de su hija, siendo ésta trasladada al campo de concentración de Buchenwald, donde aún continuaba presa en ese mes de febrero de 1942. Al enterarse el doctor de tan horribles noticias fue presa de un ataque de ira que, de no impedirlo el escolta de Ingrid, hubiera terminado poniendo fin a su vida de un disparo con la Luger que guardaba en su mesilla de noche. El dolor fue tan agudo que los siguientes tres días fue incapaz de moverse del sillón, en el salón de su casa. Poco a poco fue recuperándose, pensando en que su hija vivía y por tanto la única finalidad y el único objetivo que tendría en su vida a partir de ese momento sería el de salvarla y protegerla de aquellas bestias inhumanas llamadas nazis. Mientras planeaba la manera de huir de aquel infierno juró que haría todo el mal que estuviera en sus manos a los asesinos que pasaran por su consulta. Ideó un plan para lograrlo sin levantar sospechas. Gracias a sus buenas relaciones con el Departamento de Investigación de Enfermedades Infecciosas del hospital universitario, logró sacar sin ser descubierto unos cultivos Clostridium Tetani y los trasladó a su consulta. La idea consistía en inyectar la bacteria en la boca del paciente a la vez que le ponía la anestesia. Debido a su largo periodo de incubación, que iba desde un mínimo de 8 días hasta 3 o 4 semanas, no sería muy probable que se relacionara con su consulta, teniendo en cuenta además que la mayoría de los oficiales que pasaban por sus manos regresaban de inmediato a los diferentes frentes de la guerra, donde eran altas las posibilidades de infectarse y padecer el tétanos. Las convulsiones que provocaba esta enfermedad eran horribles, comenzando las contracciones por la boca, extremidades y el resto del cuerpo en pocos días. La muerte sobrevenía al paralizarse los músculos intercostales así como la glotis y demás estructuras necesarias para la respiración. Con esta venganza pagarían todo el mal que estaban infringiendo a la humanidad y el exterminio que pretendían llevar a cabo de la raza judía. La primera víctima de su preparado mortal fue el capitán Paul Schulz, quien le había mentido a propósito, haciéndole creer que su esposa vivía y, posteriormente, le había amenazado con ejecutar a su hija si se le ocurría huir. Fue durante la visita que hizo a su consulta al poco de llegar con un permiso de siete días, antes de regresar al frente ruso, donde tras la anestesia del dentista moriría entre estertores y espasmos terriblemente dolorosos, según le relató Ingrid dos semanas después. Tras él siguieron varios miembros del Eisatzgruppen, el teniente Emil Haussman, el comandante Erns Shubert y el capitán Gustav Rasch, con intervalos de 15 a 30 días entre uno y otro. A continuación otros catorce miembros de las SS, cuyos nombres no anotó por desidia, siguieron el mismo destino, hasta que empezó a levantar sospechas y tuvo que huir precipitadamente, escondido en el coche de su amigo y paciente Kurt, quien regresaba a Suiza, su tierra natal y la de sus padres, tras dirigir un negocio de materiales de construcción en Berlin durante los últimos doce años. A partir de su huida el Dr. Landete dejó de tener noticias suyas, por lo que nunca supo si finalmente logró reunirse con su hija, al concluir la guerra en el año 45. Se cree que cambió de nombre para no ser identificado por los fanáticos seguidores que Hitler tenía en todo el mundo. Posiblemente continuó ejerciendo su profesión algunos años después en Lausana, aunque jamás se sabrá con certeza si fue así. Este es el triste relato que hemos podido recuperar gracias a las cartas que conservó en su poder el Dr. Bernardino Landete. Junio de 2015

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