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El burladero

POLVO ERES

28 Octubre 2016 , Escrito por lacosanostra

POLVO ERES

La frase bíblica del Génesis nos recuerda que, más tarde o más temprano, volveremos a ser polvo en la tierra, porque la muerte nos iguala a todos, ¿o no? La verdad es que, aunque todos acabemos mordiendo el polvo, hay muertos de primera, de segunda e incluso de tercera regional. Esto es así desde el tiempo de los egipcios, que nos dejaron sus majestuosas pirámides, monumentos funerarios en los que enterraban a sus ilustres muertos, junto con sus tesoros e incluso acompañados por sus sirvientes, a los que daban matarife contra su voluntad, suponemos, para que continuaran sirviendo a sus amos en el más allá, algo impensable de incluir en los convenios colectivos actuales. Diferentes civilizaciones, razas y culturas han enterrado con pompa a sus muertos ilustres o pudientes y, con menos boato, a sus muertecitos carentes de recursos. Durante estos días de difuntos vemos, en nuestros cementerios, los grandes panteones, las estatuas funerarias y las grandes lápidas con enormes cruces marmóreas en las que yacen los muertos pudientes, conviviendo con los humildes agujeros y nichos de los muertos proletarios. Sigue habiendo chalés majestuosos y humildes pisitos, incluso chabolas, en el más allá. Sin embargo se extiende de forma imparable la costumbre de incinerar a los difuntos, en parte por motivos económicos y en parte por quitarse el muerto de encima, que es un engorro eso de llevarles cada año las flores y de limpiarles la lápida. Se quema y se tiran las cenizas por donde se le antoje a los deudos o haya dictado el extinto. Pero ¡alto! Ha dicho la Iglesia que nada de echar polvos por cualquier sitio, que los polvos hay que echarlos, todos, en los recintos sagrados, ¡hasta ahí podíamos llegar! Nada de guardarlos en casa, ni tirarlos por los mares ni los prados, que luego no hay dios que reconstruya los cuerpos, a la hora de la resurrección. Y esto ha sentado muy mal al personal, que ya no podrá hacer lo que ese matrimonio, en el que el marido le dice a su señora: “Querida, este es el mejor polvo que he echado en mi vida.- Mariano, déjate de tonterías y ten un poco más de respeto, que estás esparciendo las cenizas de mi madre por el jardín” Y es que las cenizas hay que guardarlas ahora en lugar sagrado, junto a los osarios, esa colección de huesos anónimos en los que, de manera lujuriosa, se mezclan los fémures de unos con las pelvis de otros, los húmeros con las tibias, donde las calaveras se esparcen por doquier a la espera de que el juicio final recomponga el puzle, del mismo modo que las cenizas de las urnas, tarea ésta mucho más complicada. Pero a la Iglesia se le ha visto el plumero y el personal no traga ya con sus mandatos, en los que se sospecha algún interés crematístico. Llueve sobre mojado en esto del ordeno y mando celestial por lo que la gente seguirá echando los polvos donde más les plazca ya que, de aquellos polvos vienen éstos lodos. Carlos Leopoldo García Álvarez

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