¿SOY RESPONSABLE DE MI SALUD?
Indudablemente sí, soy responsable de mi salud, tanto o más que los médicos que velan por ella, así como del coste que supone para el erario público y en ocasiones para mí también, el hecho de descuidarla. Salvo en las enfermedades hereditarias o congénitas, en las infecciosas, en las ocasionadas por accidentes o traumatismos y a en pocas más, en el resto de patologías tenemos un alto grado de responsabilidad. De manera directa, en las ocasionadas por hábitos o dependencias como el del tabaco, el alcohol consumido en exceso, las drogas y cierto tipo de alimentación, en las que la certeza de que perjudican a nuestra salud es absoluta. Aun así la prevalencia de estas costumbres en nuestra sociedad es excesiva. También en las afecciones que sobrevienen de manera indirecta, es elevada nuestra responsabilidad, incluso en aquellos que llevan una vida saludable en cuanto a sus hábitos, que comen sano, hacen deporte y evitan el estrés, pero que descuidan la recomendación de acudir periódicamente al chequeo de su salud, para detectar precozmente cualquier problema sobrevenido. Una simple analítica, junto a la revisión de nuestros órganos mediante las novedosas y eficaces técnicas de las que dispone nuestro actual sistema sanitario, pueden detectar cualquier inicio de patología y resolverlo de manera sencilla, evitando así complicaciones y gastos innecesarios. Con respecto a la salud buco-dental, especialidad que me concierne, cada cual debe asumir su responsabilidad en su mantenimiento, así como en la prevención de posibles patologías. El órgano masticatorio, formando por todas las estructuras que conforman la boca, incluida la Articulación Temporo Mandibular, está diseñado para funcionar correctamente durante toda una larga vida, si lo cuidamos adecuadamente. La colaboración entre el dentista y sus pacientes tiene ésta finalidad. Para ello debemos responsabilizarnos de su cuidado, manteniendo unas normas de higiene diarias, una alimentación adecuada y acudiendo a las revisiones periódicas establecidas semestral o anualmente. Esa colaboración garantizará el éxito en cuanto a la salud de nuestra boca. Pero hay algo más, igualmente importante. Se trata de la elección del profesional y del centro o clínica dental en el que vamos a depositar nuestra confianza. Conocemos de sobra los graves problemas que han sufrido, y que aún sufren, los pacientes de ciertas clínicas dentales, cuyo dueño no suele ser dentista ni profesional sanitario, que han antepuesto los resultados económicos por encima de los prioritarios de salud. El resultado ha sido el que ya sabemos, pacientes que han perdido su dinero, al haber financiado antes de comenzar el tratamiento, y que se han quedado a medias o sin comenzar la reparación de su patología buco dental. Esto suele pasar en cierto tipo de clínicas, cuyo éxito se basa en la publicidad a gran escala en medios como la televisión o la radio. Algunas incluso prometen grandes descuentos porque “son beneficiarias de una subvención millonaria” (¿Qué organismo oficial concede una subvención a una clínica dental privada y con qué criterio elige a una sola y no a las demás?) Con semejantes patrañas consiguen atraer a un grupo de población poco informada, por lo general la más necesitada económicamente. Por tanto es también nuestra responsabilidad saber elegir el tipo de clínica o al profesional en el que vamos a depositar el cuidado y la salud de nuestra boca. En caso de duda podemos consultar una segunda opinión o acudir a instituciones oficiales, como los Colegios Profesionales de nuestra comunidad o provincia, que son los que pueden informarnos adecuadamente sobre el tema. Pero la responsabilidad recae también sobre la administración, que debería poner coto y freno a éste tipo de publicidad engañosa, tan perjudicial para la salud pública y que está ya prohibida en muchos países de la Comunidad Europea. Una cita de Sócrates ilustra perfectamente esta tesis: “Si alguien busca salud, pregúntale si está dispuesto a evitar en el futuro las causas de la enfermedad; en caso contrario, abstente de ayudarle”. Sin necesidad de llegar a esos extremos, reconozcamos que tiene toda la razón.
/image%2F1378407%2F20160611%2Fob_cb6976_10172749-705645582808213-1187000946099.jpg)