CARTA DE UN JUBILADO A SU HIJO
Querido hijo
Ni tu madre ni yo somos empleados domésticos ni de guarderías infantiles, por lo que te pedimos que respetes nuestra jubilación y el bien ganado derecho a disfrutarla, sin responsabilidades, obligaciones ni encargos. Te recuerdo que ya nos ocupamos de ti y de tus hermanos cuando erais pequeños, hasta que fuisteis capaces de volar con vuestras propias alas. Estábamos a vuestro lado cuando os poníais enfermos, cuando había que llevaros al colegio, a las fiestas de los amigos o cuando teníais vacaciones. Nos hemos ocupado también de nuestros padres, cuidándoles en su vejez y tratando de aliviar sus achaques. Ahora nos toca a nosotros disfrutar de nuestro tiempo libre, tras muchos años de trabajo, privaciones y sacrificios para sacaros adelante. Os echaremos una mano con los niños en momentos puntuales, de emergencia o de extrema necesidad, porque queremos a nuestros nietos y os queremos a vosotros. Sabemos que trabajáis los dos y que apenas tenéis tiempo libre para llevar a los niños al colegio o a sus actividades extraescolares de futbol, natación, baloncesto, música, ballet y teatro. Los pobres tampoco tienen tiempo para disfrutar de su infancia. Estoy convencido de que, si en alguna ocasión renunciáis a las comidas y aperitivos con los amigos, al gimnasio, a los viajes, casas rurales o al último modelo de todoterreno, veréis como os llega de sobra para contratar a una niñera que se ocupe en exclusiva de vuestros hijos. Nosotros tuvimos que renunciar a muchos caprichos y placeres para poder daros una educación adecuada y todo lo necesario para vuestro bienestar. No os pedimos que nos cuidéis, como sería también vuestra obligación, tan solo que nos dejéis disfrutar de la jubilación tranquila y sin ataduras que nos hemos ganado a pulso. Muchos besos de tu padre jubilata.

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