MIR

Médicos internos residentes, los has visto estos días en el telediario reivindicando mejoras en una situación que ha llegado al límite de lo tolerable. Tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, según muchas opiniones, pero es un gigante con pies de barro. El sistema se asienta, entre otros, en la explotación de unos médicos que están en periodo de formación, a los que se asigna tareas y responsabilidades que no deben asumir. El médico residente está completando en los hospitales concertados su periodo de formación como especialista, tras haber terminado sus seis años de licenciatura. En este periodo tiene asignado un tutor, responsable de su formación y de la supervisión de los trabajos e intervenciones que el alumno realice. Durante los cuatro años que, por termino medio, invierte en completar la especialidad elegida, trabaja diariamente en jornadas laborales completas y se le asigna unas guardias nocturnas en las que debe atender las urgencias que se presenten. Para llegar a esta etapa el recién licenciado en Medicina debe superar un exigente examen MIR y, según su puntuación, podrá elegir la especialidad, el hospital y la ciudad en la que cursar la residencia. Hasta aquí todo correcto. El problema viene cuando, por falta de medios y escasez de personal, el residente se ve obligado a realizar trabajos de asistencia e intervenciones sin el correspondiente asesoramiento y la tutela obligatoria, además de un mayor número de guardias a las que le sigue una nueva jornada laboral sin ningún tipo de descanso, es decir que enlaza la jornada laboral ordinaria de un día con la noche de guardia y la siguiente jornada laboral, casi treinta horas seguidas sin descanso. Además de la barbaridad que supone, incluso para unos jóvenes medicos en plena forma, se pone en peligro la asistencia sanitaria a los pacientes, al no encontrarse en las condiciones adecuadas para poder atenderles con garantías. A todo ello se suma que, una vez completada su especialización, el sistema sanitario no les garantiza un puesto de trabajo. Puede verse en la calle después de completar diez u once años de formación. No es de extrañar que muchos opten por hacer las maletas y emigrar a cualquier país de la UE en los que sabe que va a ser bien acogido y que su sueldo será dos o tres veces superior al que tendría de quedarse en España. Esta solución se la plantean también muchos médicos con años de experiencia, puesto que son los profesionales con mayor prestigio y profesionalidad de Europa y los peor pagados. Cualquiera de los países receptores estará encantado de recibir esta mano de obra altamente cualificada en la que España ha invertido muchos dinero y recursos en su formación, pero que les deja escapar al ser incapaz de pagar lo que realmente merecen. Verás, un gobierno que paga tres o cuatro veces más a políticos cuya formación en muchos casos no pasa de lo aprendido en la escuela primaria y que son perfectamente prescindibles, que a profesionales de la salud competentes e imprescindibles, como nos han demostrado en lo más crudo de la pandemia por coronavirus que estamos padeciendo, en la que han combatido sin descanso dejándose la vida literalmente, un gobierno, repito, que trata así a los mejores representantes de la sociedad, merece nuestra absoluta y rotunda reprobación. Podemos presumir de tener el mejor sistema sanitario del mundo, de tener a los mejores médicos y profesionales de la salud y también de tener a los peores políticos que un gran país como el nuestro se merece. Cuando nos demos cuenta quizás sea demasiado tarde.
Carlos Leopoldo García Álvarez
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