Análisis de la alarmante situación de los dentistas
La noticia de que un dentista, en su afán por conseguir captar nuevos pacientes cobra un euro por obturación, ha encendido todas las alarmas sobre la preocupante situación de la profesión en estos momentos.
La contestación del Presidente del Consejo, al ser informado de este hecho, es clara y contundente: “Este tema ha sido estudiado jurídicamente y la cuestión es que, mientras sea un señuelo que permita captar pacientes en los que se gana dinero globalmente por otras intervenciones, las autoridades de la competencia lo consideran lícito y no censurable”.
Tiene razón y no se puede hacer nada para evitar este tipo de prácticas. En mi modesta opinión considero además que no se puede culpar al compañero por intentar atraer un mayor número de pacientes hacia su consulta utilizando los métodos que haya considerado oportunos, mientras se lo permita la ley. Probablemente se haya visto forzado por una situación insostenible, como les pasa a miles de compañeros que están pasando por circunstancias parecidas. Tampoco podemos criticar procedimientos parecidos de franquicias, aseguradoras y demás empresas, que sacan provecho de esta permisividad y de las ventajas que ofrece hoy en día la explotación de las clínicas dentales, beneficiándose además de una mano de obra barata y desprotegida laboralmente.
El tema clave, origen de todos nuestros males y causa de todos los problemas que tenemos hoy los dentistas está muy claro, existiendo una unánime coincidencia en su diagnóstico: LA PLÉTORA PROFESIONAL, que llevo más de diez años denunciando. El número de dentistas aumenta año tras año y la ratio dentista/habitante va mermando en proporción.
Pero no a todos perjudica esta situación, bien al contrario, hay quien se beneficia de ello, siendo ésta una de las posibles claves a la hora de encontrar una solución.
Como es lógico y comprensible los primeros interesados en que siga habiendo una gran demanda para estudiar Odontología son las Universidades Privadas. Viven de ello y la ley les permite el número suficiente de alumnos como para que les resulte rentable. Es decir, cuantos más alumnos obtengan más caja se hace.
También se benefician (lo cual no quiere decir que estén a favor) los Colegios Profesionales, por la misma regla de tres. Cuantos más colegiados tengan más cuotas pagarán, además de mayor poder político y representativo.
Pero todavía hay más beneficiados con ésta situación, dada la necesidad de especialización que tienen los nuevos profesionales a la hora de buscar un puesto de trabajo. Esto hace que los promotores de cursos, cursillos, conferencias o másteres se froten las manos, vista la abundante carga de trabajo y los jugosos ingresos que supone esta demanda.
Por último beneficia también a las empresas, inversores, aseguradoras y franquicias que han visto un gran negocio en este sector en el que, a una mano de obra abundante se suma la ausencia de acuerdos y convenios colectivos, lo que la convierte en barata y fácil.
A todo ello se ha venido a sumar la mayor de las crisis que se recuerda en este país desde la Guerra Civil, mermando sustancialmente la carga de trabajo en nuestras consultas, lo que hace la situación más desesperada aún.
Es sencillo deducir por tanto, quienes somos los perjudicados y también, una vez conocido el diagnóstico exacto, cuál debería ser la solución. De nuevo estoy de acuerdo con el Presidente del Consejo en que la única vía para solucionar el tema debe ser administrativa o, lo que es lo mismo, política. Sólo mediante una modificación de la actual ley o una adaptación a las circunstancias actuales que imponga un número muy restringido de alumnos a las Universidades Privadas y la exigencia de una elevadísima nota para poder acceder a los estudios de Odontología en las Facultades Públicas, al igual que se hace para los estudios de Medicina, lograría a lo largo de los próximos años que el número de dentistas fuera haciéndose proporcional a las necesidades del país y que la ratio dentista/habitante pueda llegar a ser de 1/2000 como máximo, con la posibilidad de poder desarrollar nuestra profesión dignamente, sin tener que recurrir a vergonzosas estrategias ni caer en manos de los depredadores del sector.
Para poder negociar este acuerdo con las autoridades debemos confiar en nuestros representantes y, si fuera necesario, plantearnos cualquier tipo de acción conjunta para conseguir que se nos escuche.
Una de las propuestas que se está debatiendo en el parlamento italiano es la de suprimir la obligatoriedad de colegiación para los profesionales. Es algo que deberían tener en cuenta aquí nuestros Colegios. Si hiciéramos una encuesta entre los colegiados para intentar averiguar cuántos estan a favor de ésta medida en España, el resultado podría ser preocupante para ellos. Es vital que en estos momentos tomen conciencia de la gravedad de este asunto para debatir, pelear y lidiar todo lo necesario con la Administración hasta conseguir el objetivo. Estoy seguro que, si son capaces de lograrlo, se habrán ganado el apoyo de todos los colegiados y la certeza de que su Colegio sirve realmente para algo importante.
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