Balance anual
Hacer balance de un año, como hacer balance de la vida, supone un ejercicio de memoria en el que evocamos los sucesos que nos han dejado impresa su huella, tanto en el ámbito personal, como en el social o colectivo. En el primero repasamos todo lo acaecido en el trabajo, la familia, en el área emocional, en la salud o en las relaciones sociales. En el segundo reflexionamos sobre los acontecimientos externos que nos han impactado, influido o afectado.
Teniendo en cuenta todo esto y tras una breve reflexión, la conclusión primera es la de calificar el año saliente como de nefasto, en todos los sentidos.
En lo personal quedará siempre marcado a fuego en mi memoria por haber sufrido durante éste periodo la pérdida de mi padre, del que heredé la profesión y del que me gustaría heredar también su bondad, generosidad, entrega y dedicación a los demás.
Despedí también a un entrañable tío, Jose Luis Druet, así como a un amigo de la infancia, Adolfo, con el que correteé por las calles del toledano pueblo de Los Cerralbos, en el que mi padre ejerció como médico rural durante muchos años.
En el plano colectivo o global debemos recordar los numerosos desastres en forma de terremotos, volcanes, diluvios y demás calamidades con los que la Tierra protesta y nos recuerda que la Naturaleza sigue mandando, por encima de tecnologías o avances de la ciencia. Alterar el medio natural tiene un coste que cada año es más alto, hasta que en algún momento se imponga la cordura, si todavía queda alguien para contarlo.
La primavera árabe surgió como una fuerza imparable del pueblo capaz de arrasar ejércitos, aun a costa de producir ríos de sangre. Lo peor de todo es que se desbanca a un tirano para, en muchos casos, coronar a otro. Es una pena que el velo les nuble la razón.
Los mercados y los bancos lastraron la economía en nuestra zona euro, llevándose por delante a países morosos como Grecia o pobres como Irlanda y Portugal. A Italia, como a nosotros, nos han sacado ya tarjeta amarilla y estamos con la espada de Damocles encima de la cabeza.
Hemos sido campeones en muchas modalidades deportivas, pero por desgracia lo somos también, de manera muy destacada, en los índices de paro. Campeones de Europa, gracias a las gestiones de un nefasto presidente que, como si de un tsunami se tratara, ha sido barrido del panorama político. El mapa se ha teñido de azul en este año, desde las autonómicas de mayo hasta el 20N, día en el que se inauguró triunfalmente el “Año Mariano”, en el que vamos a necesitar algo más que un milagro para colocar a los 5 millones de parados y no precisamente dándoles un porro, como me comentaba un buen amigo.
Habrá que pedirles a los Reyes toneladas de Tranxilium para intentar que los mercados se relajen, jugarnos a los chinos la Deuda Soberana y exiliar para siempre a esa pariente recién aparecida, la indeseable “prima de riesgo”.
Aunque este año los Reyes están para pocos regalos, después del disgusto que se han llevado con su yerno, el príncipe azul (grana), que también “Noos” ha salido rana.
Vayan por delante mis mejores deseos para éstas Navidades y un feliz año 2012, en el que confiamos que yerren las predicciones catastrofistas de los Mayas.
Carlos Leopoldo García Álvarez
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