EL JAMÓN Y LA TEORIA DE LA DISFASIA EVOLUTIVA

Recientemente se ha vuelto a poner a prueba nuestra capacidad de asombro con la noticia, divulgada en todos los medios, del niño de procedencia magrebí que denunció a su profesor por el horrendo delito de hablar en la clase sobre el proceso de elaboración y curado del jamón serrano. Este hecho ha venido a poner a prueba la capacidad de aguante y tolerancia de nuestra sociedad frente a la intransigencia y el fanatismo impositivo de la cultura berberisca. Pero, en contra de las teorías que afirman que son las diferencias culturales y religiosas las que nos hacen incompatibles, creo que dicha incompatibilidad se debe más bien a la disfasia evolutiva de ambas culturas que, gracias a la globalización y los movimientos migratorios hacia los países industrializados, han ocasionado este choque cultural-religioso, acentuado en aquellas civilizaciones primarias que se caracterizan por su impermeabilización y rigidez, basadas en creencias religiosas impositivas y fanáticas.
Pero, de todas estas corrientes migratorias que recibe Europa, tan solo las procedentes de los países de religión islámica son las que, no solo no se integran en sus lugares de acogida, sino que tratan de imponer en ellos su ideología religiosa y cultural.
Quizás veamos otros ejemplos de difícil adaptación e integración, como es el caso de los inmigrantes asiáticos, especialmente los procedentes de China, pero en su caso el aislamiento se acaba cuando se trata de interaccionar comercialmente. En todo caso respetan nuestras costumbres y jamás imponen las suyas.
Los procedentes de Centroeuropa tienen pocas dificultades en su integración, al igual que los latinos, con los que nos unen la cultura y creencias religiosas. Incluso los subsaharianos tienen pocos problemas, salvo los económicos, para integrarse.
En ninguno de estos casos la dependencia de sus respectivas creencias les impide su compatibilización con la integración social, manteniendo costumbres gastronómicas o culturales pero con actitud abierta y tolerante con las del país de acogida.
Solo en los países en los que se fusionan el poder político y el religioso se aplican la sumisión, el adoctrinamiento y la necesidad de imponer sus creencias universalmente, haciendo imposible la integración en culturas o sociedades que no las acaten. Si, a todo ello, sumamos el hecho de que las sociedades de destino suelen ser culturalmente más avanzadas, pero laxas en sus convicciones y tolerantes con las demás culturas, tendremos como consecuencia que se originen problemas como el descrito con el jamón, el del velo en los colegios, los crucifijos en las aulas, los belenes, etc.
No se trata de un choque entre diferentes culturas o religiones, sino del imposible encuentro de dos civilizaciones con tan enorme disfasia evolutiva que se necesitarían siglos para que puedan tener algún punto de encuentro, siempre que en aquellas se de algún movimiento de progreso que les haga avanzar en su estancamiento.
De todas formas podemos estar tranquilos, en España admitimos el velo, las mezquitas, las chilabas e incluso el kebab, pero eso sí, que no nos toquen el jamón.
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