VERANO CALIENTE
Sin duda alguna éste ha sido uno de los veranos más ardientes que recuerdo en mi ya dilatada trayectoria vital. Y digo ardiente en todos los sentidos posibles del término. Temperaturas extremas que nos han hecho arder por fuera y por dentro. España ha sido una tea, una brasa incandescente que nos ha carbonizado física y metafísicamente.
Dicen que la mayoría han sido incendios provocados por la mano del hombre y los más exaltados piden garrote para los pirómanos. Desde Galicia a La Gomera, la maravillosa Laurisilva del parque nacional de Garajonay, pasando por la serranía valenciana, Cataluña, la costa malagueña, hasta nuestra cercana sierra de Gredos, el país ha sido una parrilla, una ávida barbacoa que tapaba los soles con el humo que iba dejando la carne abrasada. Un infierno de lumbre perpetua enviado desde las más hondas calderas de Pedro Botero.
Este verano de fuego ha sido también el que nos ha chamuscado de recortes y primas, de tijeras, riesgos y parados. Las cuadrillas han salido en las noches de luna nueva, asaltando supermercados y fincas de señoritos.
Hijo mío, ¿no te dan miedo las cornadas del toro? Más cornadas da el hambre madre, y el mozo se pierde con su hatillo al hombro en busca de la gloria o de la muerte.
Nos quemamos en la tea de los recortes, nos dejan sin sanidad ni educación, meten la mano en la cartera a los pensionistas y funcionarios, nos tocan la renta, la luz, el IVA... Bien, todo sea por la prima y por la Merkel, o por la prima de Merkel, si con ello apagamos el fuego. Pero los parados siguen más parados que los inquilinos del Campo Santo, sin poder levantar la cabeza. Mariano quiere apagar el fuego con gasolina y el país es ya un bosque abrasado, un paisaje lunar de ceniza y llanto, quemado por fuera y ardiendo por dentro.
Pero la nuestra es una tierra de toreros y bomberos, ¿qué niño no ha querido ser ambas cosas? Este fuego exterior lo apagarán las mangueras y las lluvias otoñales. Habrá cenizas, leña quemada y negrura durante un tiempo, pero volverá el verde de la hoja en primavera, el agua del río y la vida como un ave Fénix tornadero y obstinado. También sabremos torear el miura de la crisis con la verónica del tiempo, las banderillas del recorte o la estocada del IVA, para salir triunfantes de ésta plaza mariana y europea, cortándole a este toro sañudo las negras y secas orejas del paro.
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