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El burladero

LA DESIGUALDAD DEL VOTO

16 Agosto 2015 , Escrito por lacosanostra

A la hora de hacer el recuento todos los votos son iguales, salvando los cocinados por el famoso sistema D´Hondt, pero si rascamos un poco llegaremos a la conclusión de que, ni por su calidad ni por su complejidad, pueden ser considerados análogos. A mi modo de ver existen tres tipos de votos. El primero es el analítico, reflexivo y desprovisto de la carga genética ideológica que algunos llevan tatuada en la piel a sangre y fuego. Este voto nos permite comparar las diferentes propuestas, estudiando cada una de ellas de manera individual. En los partidos que han tenido experiencia de gobierno, si han cumplido sus promesas y si su gestión anterior o presente puede ser considerada aceptable. Cuáles son los pilares que sostienen su programa y si, en base a este, se les puede dar la confianza del voto, aunque no hayan tenido responsabilidades de gestión. Este es el voto mayoritario en países de larga trayectoria democrática en los que, más que a una ideología determinada, se vota a la persona que se presenta y a su programa. Las diferencias ideológicas son cada vez menores entre partidos con experiencia y posibilidades de gobernar, salvo algunas excepciones extremistas surgidas como consecuencia del desencanto, hastío y cabreo generalizado, tras largos años soportando la crisis y el desempleo. El segundo es el voto ideológico, el que esta interiorizado en lo más profundo de las entrañas y que nada ni nadie podrá jamás conseguir que se cambie. Se hereda como un cromosoma más y su origen se remonta a experiencias bélicas traumáticas o a la explotación de trabajadores por parte de patronos sin escrúpulos de pasadas generaciones. Se trata de un voto irreflexivo y fiel a unas siglas y un partido, sea cual sea su comportamiento y gestión en legislaturas anteriores. El tercero es el más ignominioso de todos, el que pervierte el sentido democrático de las elecciones, el voto vendido o comprado. Lo utilizan algunos partidos para mantenerse en el poder a base de regalías y prebendas con las que se paga la fidelidad del votante. El que aprovechan algunos grupos sociales o étnicos para sacar tajada a cambio de vender el voto colectivo. Es frecuente en elecciones locales y autonómicas. Un voto de vergüenza que descalifica tanto a los partidos que lo compran como a los ciudadanos que lo venden. Recientemente ha hecho aparición un cuarto tipo de voto; aquel que no elige partido ni programa sino que se utiliza para conseguir un fin predeterminado ajeno al de las elecciones. Es el voto independentista, que trata de aprovecharse de la legalidad para sus fines concretos, burlando la esencia de lo votado. El cáncer del nacionalismo se extiende como hidra insaciable dispuesto a lograr su objetivo por encima de cualquier barrera. Este es el momento de comprobar la verdadera talla de nuestros responsables políticos, empezando por Rajoy, cuya mayoría absoluta, la última quizás que se logre alcanzar en mucho tiempo, debe servirle para dar un golpe de autoridad que corte de raíz todo intento de dividir España, con el consiguiente riesgo que conlleva de enfrentamiento civil. Es el momento de comenzar una prolongada labor de acercamiento que fomente todo aquello que nos une como pueblo, que estreche lazos afectivos permitiendo a la vez el amplio desarrollo de la identidad y cultura de cada pueblo, región y autonomía.

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