LOS CUARENTA

Los cuarenta son la barrera entre la juventud y eso que algunos llaman madurez, un momento crítico en el que tomamos conciencia de nuestra fecha de caducidad. Crisis de los cuarenta lo llamamos. Recuerdo que los celebré con una gran fiesta, cena y música en directo bailando temas de los sesenta, con unas originales invitaciones en las que dibujé varios patos haciendo ruido de patos: cua, cua. En el siglo XIX la expectativa de vida rondaba los cuarenta años, mientras que en la actualidad llegamos al doble, por lo que no son los mismos los cuarenta de hoy que los de nuestros abuelos, que eran ya viejos frisando los cincuenta. Pero todo depende de la vida que se lleve y de los obstáculos que te encuentres en el camino. Para un periódico llegar a las cuatro décadas supone una gran hazaña, más aun si se trata de un medio local independiente, cuyos obstáculos y muros son cada día más difíciles de superar. Por todo ello vaya por delante mi felicitación a La Voz del Tajo, que cumple los mismos años que nuestra Constitución, que es lo mismo que decir nuestra democracia, adaptándose a los cambios pero manteniendo firmes sus principios y convicciones. En el año 1978 yo era un joven estudiante de Medicina a punto de terminar la carrera y entrar en el servicio militar, la famosa mili que a los jóvenes de hoy les suena viejuno y arcaico, como tantas cosas que se han ido perdiendo por el camino en este largo trayecto. Aquellos fueron los años de la generosidad y el dialogo en política, protagonizados por verdaderos hombres de estado que supieron entender la transcendencia de esos tiempos de cambio y superar sus profundas diferencias, que arrancaban de una cruel guerra civil, para sentarse a dialogar y negociar unos pactos que culminaron en ese gran marco legal llamado Constitución, del que algunos reniegan hoy pero que ha servido para vivir el más largo periodo de paz que hemos tenido los españoles. Nada tiene que ver el país que disfrutamos en el siglo XXI con el que nos dejó el franquismo, atrasado, analfabeto y acomplejado. Durante esta larga trayectoria ha ido evolucionando España como lo hemos hecho todos los que hemos tenido el privilegio de vivir estos cuarenta años. De Adolfo Suarez a Rajoy, pasando por el taciturno Calvo Sotelo, el Felipe del cambio, el Aznar de los pelotazos y el Zapatero de infausta memoria histórica. Centenares de víctimas de ETA, un golpe de estado, la matanza yihadista de Atocha o recientemente la de Barcelona. Nacionalismos supremacistas. Dos reyes, tres papas, un mundial de futbol, una Expo, unas olimpiadas, la movida, los inmigrantes, los que han nacido en este tiempo, los que nos dejaron para siempre. En cuarenta años ha pasado la vida y ni somos lo que fuimos ni volveremos a ser lo que ahora somos, pero las noticias seguirán llenando las páginas del papel o de las pantallas del ordenador y seguiremos con ellas, riendo, llorando, alzando los brazos con el triunfo o tratando de superar los fracasos. Viviendo en definitiva dentro de las páginas de nuestro diario particular, hasta que en ellas leamos algún día nuestra propia esquela: Game over.
Carlos Leopoldo García Álvarez
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