SACAR AL PERRO

Una perrera de la protectora Siempre Fiel de Salamanca, repleta de perros abandonados, olvidados y casi desahuciados, se ha quedado vacía, tras una avalancha de adopciones por parte de familias y personas que han decidido hacerles un hueco en sus hogares durante la cuarentena. Pero no porque les haya entrado un amor repentino por unos canes de los que, antes de la pandemia, ni siquiera conocían su existencia, sino por el motivo que todos conocemos de sobra. El perro se ha convertido en el salvoconducto para pisar la calle, para pasear, para abandonar brevemente, o no tanto, el confinamiento, sin riesgo de ser multados. Todos queremos un perro y envidiamos a quien lo tiene. He dicho mal, no todos ni mucho menos, sino tan solo aquellos que no aceptan o no quieren percatarse de la gravedad del momento y de que cualquier salida supone un evidente riesgo para quien así se comporta, para su familia y para la comunidad. No son conscientes de la necesidad de permanecer en casa, por mucho que nos duela este sacrificio. Es cierto que, los que ya tenían perro, saben que es necesario sacarle dos o tres veces al día, pero también saben que ahora esos paseos deben ser rápidos y limitados en lo referente al recorrido. Es bochornoso el espectáculo que hemos visto de personas paseando a mascotas ajenas, a perros de peluche, incluso a conejos y que les usan como excusa para darse la satisfacción de un paseo, alegando que para ellos supone un tremendo sacrificio permanecer todo el día encerrados. Pues bien, a esas personas hay que explicarles claramente qué es hacer un gran sacrificio. Un sacrificio, señores, es lo que miles de personas están haciendo por vosotros, por todos nosotros, diariamente desde sus trincheras de guerra, jugándose literalmente sus vidas. Un sacrificio es lo que hacen todas esas enfermeras con turnos de doce horas, sin parar ni a comer, embutidas en sus trajes estériles que no pueden cambiarse porque no hay repuestos, sudando, llorando de impotencia al ver cómo se le escapa la vida delante de ellas sin poder hacer nada por evitarlo. Sacrificio es lo que hacen los médicos, que se dejan la piel, que se exponen en primera línea sin barreras de protección adecuadas, porque un gobierno de inútiles ha sido incapaz de garantizarles lo más básico en la lucha contra el virus, cuando conocíamos su existencia hace ya tres meses. Sacrificio es el de tantos voluntarios, técnicos, médicos jubilados, médicos recién licenciados, estudiantes de ultimo curso, auxiliares, dispuestos a soportar, de manera altruista, horas de trabajo con un alto riesgo de contagio. Sacrificio es el que hacen las limpiadoras, encargadas de eliminar los virus de superficies altamente contaminadas, sin las protecciones adecuadas y el miedo de llevarse a casa el contagio. Sacrificio es el del personal auxiliar, bedeles, conductores de ambulancias, cuidadores de residencias de ancianos, sometidos a una exposición continua, sin apenas medios para evitar contagios. Sacrificio, señores, es el de los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, policías municipales, policías nacionales, guardias civiles, soldados del ejercito y de la UME, expuestos en primera línea de combate para luchar contra un enemigo invisible y contra la insolidaridad de muchos desaprensivos, sin los medios de protección necesarios, que no han sido previstos por el ejecutivo de inútiles que dice gobernarnos. Horas y horas de trabajo en la vía pública arriesgando su vida por nosotros. Sacrificio es el de los dependientes, cajeras de supermercados, trabajadores de la industria que no han podido parar, de la construcción, del campo, tan necesario ahora para garantizarnos el suministro y que han abandonado de momento sus justas reivindicaciones. Repartidores, restauradores que elaboran comida para llevar a casa, sacerdotes, asociaciones de caridad, gente que trabaja para hacer mascarillas y otros tipos de protección y tantos otros. Ellos son los verdaderos héroes en este momento. Gente a las que les gustaría poder estar en casa, recluidos con su familia, alejados del peligro y rodeados por los que mas quieren, pero que han renunciado a ello por sacrificarse e incluso morir por ti. No tenemos derecho a quejarnos porque no podamos salir a la calle durante unas semanas, teniendo a nuestra disposición todos los medios para pasarlo cómodamente y, si tanto deseas salir, siempre te queda la opción de apuntarte voluntario y acudir a los hospitales a auxiliar y ayudar a los que están luchando por ti, será una buena experiencia y aprenderás lo que es el verdadero sacrificio.
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