Catalunya: Una, Grande, Lliure
En nombre de la religión y del nacionalismo han corrido, a lo largo de la historia, más ríos de sangre que por cualquier otra causa.
El nacionalismo es endogámico y excluyente, una manifestación de aldeanismo primario que, como dijo Cela, se cura viajando.
Tras una profunda reflexión no puedo evitar la comparación del actual brote del nacionalismo catalán con los años más sombríos y represivos de la dictadura franquista (¡Ozú quexagerao!). Aquellos en los que Franco se veía necesitado de envolverse en la bandera y recurrir al baño de masas en la Plaza de Oriente, para enfrentarse a las confabulaciones judeo-masónicas que amenazaban desde el exterior. Un victimismo panfletario que se combatía inundando Madrid con la bandera bicolor, los mismos colores que tiene la catalana, tan multitudinariamente exhibida en la última diada independentista.
Del mismo modo que el Régimen adoctrinaba a sus colegiales mediante la Formación del Espíritu Nacional, los catalanes adaptan igualmente la Historia a su conveniencia, inventándola si fuera necesario. “El nacionalismo es el hambre de poder templada por el autoengaño” Ortega y Gasset.
La prohibición forma parte de la esencia del Régimen y da idea de su verdadero concepto de una sociedad libre. El nacionalismo catalán prohíbe la enseñanza en español, así como su exhibición o rotulación pública en empresas privadas. Se persigue el español con el mismo ahínco que Franco lo hacía con el catalán. Se prohíben igualmente los toros y todo lo que huela a España, invocando cínicamente la excusa del sufrimiento animal, aunque se permitan tradiciones taurinas autóctonas, igual o más crueles con el toro.
El Régimen de Franco tenía su equipo de futbol emblemático: el Real Madrid. El mejor embajador para pasear la españolidad por el mundo, gracias a sus triunfos, goles y copas. En su estadio tenían lugar las manifestaciones sindicales en el día del trabajo, con una exhibición de los coros y danzas de cada región, donde no faltaban las jotas, las sevillanas e incluso la sardana, con las gradas repletas de banderas nacionales. ¿A que les recuerda esto?
Cómo dijo Albert Camus: “Amo demasiado a mi país para ser nacionalista”
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