Recetas para salir de la crisis
Existen varias acepciones en el diccionario para definir la palabra “crisis”. Unas hacen referencia a la salud y otras a las mutaciones importantes en el orden físico, histórico o espiritual. Pero la que nos interesa de verdad a todos los españoles que venimos padeciendo sus consecuencias, desde mucho antes de que Zapatero se diera por enterado, es la que la define como “situación dificultosa o complicada” o escuetamente “escasez, carestía”.
Como si se tratara de una terrible maldición bíblica, la crisis nos azota cruelmente, sumiéndonos en la depresión, la angustia y el desánimo, sin más expectativas que la de esperar a que agonice del todo una legislatura eterna que prolonga sin piedad el sufrimiento de millones de parados, sin escuchar sus impotentes voces reclamando el adelanto de las elecciones, como única luz de esperanza que nos haga salir de este interminable túnel.
Muchas y sensatas han sido las soluciones propuestas, que se han ignorado durante años, para finalmente rectificar y adoptarlas demasiado tarde, en un ejercicio de irresponsabilidad que incrementa el descrédito y la falta de confianza en el gobierno.
Una de las más brillantes soluciones la escuché del gran pensador J. Garrido, basada en el sentido común y el conocimiento de la función pública. Se puede salir de la crisis sin que para ello tengan que sacrificarse los pensionistas ni aumentar la edad de jubilación de los trabajadores, si nuestros ineficaces mandatarios siguieran las recomendaciones formuladas por él y que a continuación expongo.
“Las partidas en las que más despilfarra el gobierno están en las adjudicaciones de Fomento, en la multiplicidad de funciones de la administración, en la sanidad, la energía y el mal aprovechamiento de los recursos naturales, la agricultura y ganadería.
La adjudicación de obras públicas que hace Fomento van siempre a las seis o siete grandes empresas de siempre sin que otras más pequeñas, pero igualmente capacitadas, tengan opciones en el concurso. Pero finalmente estas grandes empresas subcontratan a las pequeñas para realizar el trabajo, eso sí, a la mitad del precio acordado, con lo que las obras nos salen el doble de caras que si, desde el principio, se contrata con la pequeña empresa, que va a ser quien realmente la realice.
En cuanto al tema de la duplicidad y triplicidad de funciones en las diferentes administraciones, con normativas distintas y, en ocasiones, contradictorias, trabas infinitas para los que quieren emprender alguna aventura empresarial y un sinfín de funcionarios y altos cargos que producen una verdadera sangría en las arcas públicas, todos sabemos lo fácil que podría ser taponar esa herida.
La sanidad pública debería ser un motivo de orgullo para los españoles por su eficacia y universalidad, pero es justo que nos beneficiemos los que hemos cotizado para ello y, mientras no se ponga coto al turismo sanitario de los que vienen a operarse de la cadera gratis a la vez que disfrutan de unas vacaciones en la costa del sol o se acabe con el acceso a todos los servicios sanitarios desde el primer día que se pisa suelo español, su coste seguirá arruinándonos.
En agricultura podríamos estar a la cabeza del mundo en producción y calidad de aceite, vino, fruta y verduras, pero el aceite se lo vendemos a Italia para que sea ella la que lo envase con sus marcas y consiga el prestigio internacional con un aceite que, en realidad, es español. El vino va escalando posiciones en desigual lucha con los franceses, mientras que la fruta y las verduras están sometidas a los mandatos de Europa, favoreciéndose de ello países como Marruecos, a la que tanto tememos.
Ha desaparecido el ganado de los campos, que eran los encargados de limpiar nuestros bosques. Como resultado España se va quemando un poco cada verano y se inunda en cada invierno.
En cuanto a la energía tenemos la más limpia del mundo, pero también la más cara. Nos han llenado el paisaje de molinos gigantes y mares de células fotovoltaicas, por cierto ¿Dónde están los de medio ambiente? ¿No es esto una agresión con gran impacto medioambiental? Cómo se puede desarrollar una industria competitiva si tenemos que pagar la energía el doble de cara que otros países y además tenemos que comprar la que nos falta a las centrales nucleares francesas, porque aquí “nucleares no gracias”, aunque sea la más limpia, eficaz y barata. Los franceses están encantados. Por cierto, deberíamos elegir mejor los países amigos y aliados para intercambios económicos, porque ya sabemos cómo nos ha ido con los Evo, Hugo, Fidel, Gadafi y Mohamed íntimos y besucones camaradas.”
Estas son las soluciones de mi amigo Javier Garrido, un hombre sencillo, trabajador y honrado, dotado de una extraordinaria inteligencia natural, sin más estudios que los primarios. Herrero en el pueblo toledano de Cebolla, emprendedor y hombre de iniciativas brillantes que crean sólidos puestos de trabajo, a pesar de enfrentarse con el muro de la incomprensión, incompetencia y estupidez de las administraciones locales y autonómicas. Sensible al dolor y a los males ajenos, Javier ha promovido iniciativas sociales destinadas a proporcionar ayuda, tanto de alimentos como de enseres básicos, a los más necesitados, víctimas de esta cruel crisis que ha socavado todo, menos la dignidad de la gente.
En él vemos el ejemplo de cómo afrontar la más grave y profunda de las crisis que hayamos conocido y de cómo superarla, a pesar de que el gobierno, según su sabia expresión, nos “imple la molleja”.
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